El día más frío de la historia.

_MG_1000.jpgNos vimos a lo lejos. Supongo que ella a mí primero. Al otro lado de la calle, donde cruzar un semáforo parecía una agónica travesía en el desierto. Sin escapar de la ironía de que rondáramos los cero grados.

Me acerqué para abrazarla y me eludió. Primer disparo. Nos dirigimos a algún lugar sentados donde estar tranquilos y poder charlar. Ahora entiendo que quizá tenía más sentido ayudarnos del frío entumeciendo nuestros huesos en vez de las palabras, o el viento dándonos un bofetón en la cara mejor que las miradas.

Y por primera vez abrimos la boca no para chocar, sino para irnos. Dejamos que corrieran las palabras sobre la cuerda floja. Como una melodía triste de piano que se te queda en la cabeza. Seguros de que no era peligro, sino certeza. Lo que escondían, no se tapaba. Una puerta abierta ya cruzada. Aullidos a la luna una noche nublada. Una despedida sin dos besos, un adiós sin enseñar las manos. Un punto y final de los finales, al que como dijo Sabina, no le seguían dos puntos suspensivos.

“Que no eres el mismo del que me enamoré”. Nunca había visto que alguien hablara y de repente exhalara vaho como lo hizo. Convirtiendo una tarde fea en el día más frío de la historia. Palabras convertidas en trazas de hielo, como si quisieran que las tocara, para dejarme las manos llenas de cortes. Quizá para encontrarme el corazón. Como si lo hubiera. La historia de siempre. El mismo final. Una nueva princesa que no es de Disney, que en lugar de ser feliz, acaba devorada por el mismo rodillo. Una vez más.

No tengo dónde esconder la cabeza. Sólo deseo que esté bien. Que deje de aguantar la respiración y que acabe de llorar. Que sonría mucho y bonito, y que le dé tres bocados al mundo para demostrar quién manda. Y que recuerde que los amores que no funcionan sólo se diferencian en el luto que les rendimos. Que marchitos o rotos salimos adelante. Con más o con menos. Vivos pero enteros. Diferentes, pero mejores. Aunque no nos demos cuenta. Que como dicen con razón, “lo esencial es invisible a los ojos”.

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