10.XI.2010

Me llamaréis novato (y tonto), pero tenía preparada para colgar la explicación de porqué escribo “Cuentos para (no tan) niños”. Se ha borrado todo y no voy a volver con ello hoy. Qué rabia! Por contra, os cuelgo un texto de cuando volví a escribir en el 2010 puntualmente. Aunque el estilo es muy distinto a ahora, espero que os guste. Por cierto, no hay edición alguna. Ni puntuación, ni corrección. Al natural!.

“chicos, hay una cosa que debéis entender sobre todas las demás. no generalicéis JAMÁS. munca digáis NUNCA, ni de este agua no beberé.

veréis, todos tenemos momentos en nuestras vidas en los cuales nos planteamos, de forma muy seria, qué es lo que queremos y qué es lo que no. y tendemos muy habitualmente a idealizar las situaciones, las formas, los colores… en fín, a dirigir toda nuestra atención hacia un destino ideal, una oportunidad idílica que quizá se de… y quizá no. de cualquier forma, esa oportunidad idílica termina presentándose, y en ese momento todo cuanto se cruza por nuestra mente es, realmente, duda.

desde los que generaron espectativas irrealizables y tienden a redondear las esquinas, hasta los que pidieron para sí mismos algo tan genial que cualquier cosa les sabe a poco. todos ellos tienen algo en común: probablemente han encontrado el destino, o si cabe, el inicio de un nuevo camino que recorrer acompañados. de todos modos el problema reside en cruzar la puerta. pensamos que hasta no solventar todas las dudas, si no es que terminamos antes esa peculiar partida al “quién es quién”, no podemos acabar este tramo. y no temo en absoluto en afirmar que ahí está el error.

por exceso o por defecto, hace falta dar el paso, involucrarse, e intentar ir tan lejos como se pueda, para así iniciar una nueva posibilidad de aquello que se nos antojó salvador. ese orden, y no el otro, será el que más probablemente nos lleve a puerto. mirarnos al espejo y preguntarnos si tenemos aquello que puede corresponder a otra persona, o mirar sus fotografías y acabar de cerciorarnos de ver en esa figura la que soñamos, no nos dará nada. no hay más opción que tocarse la cara, usar el teléfono, o besar a alguien para empezar a echar el resto.

el final de la historia no lo conocen muchos.

el principio, lo conocemos algunos pocos.”

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